Primavera valenciana, primavera romana.

No sé si os pasa a vosotros, pero muchas veces recuerdo lo que me estaba leyendo cuando me pasó algo. O tal vez recuerde algo al recordar algún libro que me leí. No tengo claro cual es la acción y cual la reacción. Pero creo que esto va relacionado porque, muchas veces, lo que estamos leyendo nos ayuda a enmarcar el mundo de una manera determinada. Relacionamos la vida que vivimos con la que sentimos al leer.

Ahora mismo, el tema más importante es el de la Primavera Valenciana. ¿Por qué? Porque es francamente vergonzoso lo que ha pasado, una atentado a la libertad de expresión y a los derechos humanos. La represión gratuita y brutal, el intentar callar con el miedo la voz del pueblo es algo propio de una dictadura. Aunque se consiga, el silencio no duerme las ideas, y la opinión latente, lo que piensa la gente, seguirá estando ahí.¿Por qué hacía la reflexión de los libros y los recuerdos? Porque me ha parecido curioso que esto suceda cuando yo me estaba leyendo un libro sobre Roma, concretamente, Los Asesinos del Emperador (Nunca me cansaré de mencionar la buena pluma que tiene Santiago Posteguillo)

Siempre me ha gustado mucho esa idea de que Europa se funda sobre tres pilares: La mística cristiana, la filosofía griega y el derecho romano. Fue en esta Roma imperial donde, tal vez, la política empezó a tomar los derroteros que toma ahora. Fue el emperador Tiberio el que decidió reformar los comicios, las asambleas populares que tenían, aunque no mucho, algo de poder político.

El emperador Tiberio no fue un mal emperador, de hecho fue un hombre que se encontró con el púrpura imperial sin quererlo. No fue un mal emperador. Pero transfirió el nombramiento de los magistrados de los comicios al Senado, haciendo que los Comicios perdiesen su poder  en detrimento de la “élite” política, del Senado.

Bien es cierto que no costó hacer esto, las asambleas populares estaban ya en horas bajas. Y lo estaban por una razón simple: Al ser una Asamblea, costaba mucho tomar decisiones, y las conclusiones a las que se llegaba estaban sujetas al capricho y al arbitrio de sus miembros. Las votaciones asamblearias tienen esto, que todo el mundo tiene sus ideas y nunca llueve a gusto de todos.

La contrapartida de esto fue que la figura del Tribuno de la Plebe, lo que hoy tendría su reflejo en el Defensor del Pueblo, perdió toda su esencia. Fue cuando se empezó a ignorar a la plebe, al ciudadano común. Las cosas llegan hasta hoy, y estamos como estamos. Aunque entendamos que no tenemos poder o que es mejor una minoría tecnócrata para tomar decisiones políticas, no se nos puede ignorar del todo. La plebe sigue siendo lo más númeroso, y el fundamento de todo poder.

Como escribe Allan Massie en el propio Tiberio

No hables de plebeyos de esa manera tan estúpida. Si no fuera por la sangre de los plebeyos, Roma nunca habría llegado a ser un imperio…

Tenía razón, naturalmente, y yo mismo cobré más tarde un gran aprecio por Agripa, pero entonces lo único en que pensaba es que mi propio padrastro era esencialmente un plebeyo. Interpreté la irritación que mis palabras le habían producido como una evidencia más de su inferioridad respecto a los claudios y su carencia de auténtica nobleza.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: