Humanizando todo lo humanizable

Buena época, las Navidades. Es el tiempo en el año en el que el mal parece ser realmente ilícito, y nos esmeramos en cultivar cuerpo y alma durante otro año, siguiendo el curso vital de la naturaleza donde la vida vence siempre a la muerte, y aquel refrán que dice que uno recoge siempre lo que siembra.

El caso es que, en estas fechas, además de comer turrón y ponernos morados a exquisiteces, algunos aprovechamos nuestro período vacacional para redescubrir una ciudad como Madrid, siempre con las mismas líneas pero diferente lectura entre las mismas. De este modo, hace poco me encontré con mi hermana en la exposición dedicada a Leonardo Da Vinci, y que lleva el jactancioso subtítulo de El genio.

Vaya por delante el hecho de que iba con prejuicio y sin orgullo a esta exposición: Mi total falta de inteligencia mecánica, la poca afinidad que tengo con el arte renacentista y mi creencia de que las ciencias en general, son pretenciosas y superficiales, me autorizaban en cierto modo a elloPero lo peor de todo fue uno de los carteles de la exposición, uno que decía. “El genio, siempre intentando mecanizar todo lo mecanizable…” Tras leerlo, yo me preguntaba a mi mismo ¿El genio? ¿Un tipo que trata de reducirlo todo a máquinas y engranajes? ¿Dónde queda el sentimiento? ¿Dónde queda el hombre?

Pensadlo un momento. Nadie puede negar el irrefutable genio creador de este artista, pero el mismo tiene en la naturaleza la base de sus artilugios, y, según escribía, en el hombre la máxima expresión de los mismos. ¿Por qué, entonces, por qué alterar uno y devaluar otro?

La tecnología es un privilegio al servicio del individuo, pero nunca un derecho por sí mismo. Parece que todo lo que tenemos que hacer es avanzar y avanzar y avanzar, sin pararnos a mirar que arrasamos en nuestro avance inexorable. Antes, era algun genio, como bien dice la exposición, el encargado de marcar una pauta de avance de cuando en cuando. Ahora, por desgracia, hemos hecho de esto un modo de vida, hemos creado una sociedad dependiente de la tecnologia y completamente superficial.

Me da pena ver a los críos enganchados desde jovenes a la televisión, con la necesidad de conectarse a cada minuto, de recibir información a cada segundo, de comunicar en un máximo de 140 caracteres. Eso va en contra del pensamiento crítico, la reflexión en profundidad o la propia paciencia.

En fin, todo esto quizá sean meras reflexiones de un tecnófobo incurable, o de un alma vieja en un cuerpo joven. Pero no he sido el unico que ha pensado sobre este mal uso tecnológico. El propio Aldous Huxley, en Un Mundo Feliz, reflexionando sobre ciencia y felicidad escribió:

Pero la verdad es una amenaza, y la ciencia un peligro público. Tan peligroso como benéfico ha sido. Nos ha proporcionado el equilibrio más estable de la historia. El equilibrio de China fue ridículamente inseguro en comparación con el nuestro; ni siquiera el de los antiguos matriarcados fue tan firme como el nuestro. Gracias, repito, a la ciencia. […] Es curioso —prosiguió tras breve pausa— leer lo que la gente que vivía en los tiempos de Nuestro Ford escribía acerca del progreso científico. Al parecer, creían que se podía permitir que siguiera desarrollándose indefinidamente, sin tener en cuenta nada más. El conocimiento era el bien supremo, la verdad el máximo valor; todo lo demás era secundario y subordinado. Cierto que las ideas ya empezaban a cambiar aun entonces. Nuestro Ford mismo hizo mucho por trasladar el énfasis de la verdad y la belleza a la comodidad y la felicidad. La producción en masa exigía este cambio fundamental de ideas. La felicidad universal mantiene en marcha constante las ruedas, los engranajes; la verdad y la belleza, no. Y, desde luego, siempre que las masas alcanzaban el poder político, lo que importaba era más la felicidad que la verdad y la belleza. A pesar de todo, todavía se permitía la investigación científica sin restricciones. La gente seguía hablando de la verdad y la belleza como si fueran los bienes supremos. Hasta que llegó la Guerra de los Nueve Años. Esto les hizo cambiar de estribillo. ¿De qué sirven la verdad, la belleza o el conocimiento cuando las bombas de ántrax llueven del cielo?”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: